11/7/17

VIVIR DE PUNTILLAS



No has venido a pasar por esta vida de puntillas…

No has venido a resolver, a la primera, cada desafío, ni a mimetizarte con los cánones de moda, ni a ser políticamente correcto, ni a poner al mal tiempo buena cara. No has venido a vivir una vida profiláctica que termine en un cadáver del que todos digan «qué bueno era». 

Has venido a ser feliz.

Y no hay felicidad en el miedo a no encajar, a no gustar, a no ser adecuado… para los demás. Siempre para los demás. No hay felicidad en los límites del buenismo, que tan a menudo se confunde con la bondad. Nadie puede ser feliz mientras se niegue a explorar lo que le motiva, solamente porque su entorno no lo entienda, o no lo apoye.

La felicidad implica libertad y responsabilidad. Libertad para equivocarte las veces que sean necesarias hasta que descubras lo que de verdad tiene valor y lo que solo eran fantasías descartables. Responsabilidad para aceptar la experiencia resultante de cada decisión que tomas, de cada paso que das, sin recurrir al victimismo cada vez que las consecuencias de tus elecciones no sean las esperadas.

Nada te está impidiendo vivir la vida que deseas, salvo el miedo a perder esa imagen que quieres que los demás conserven de ti.  Una imagen «aceptable» que compense la patética idea que, en el fondo, tienes de ti mismo.

Quítate los guantes. Deja que la vida te ensucie. Deja que te roce lo suficiente como para que te arranque todas las creencias falsas que tienes acerca de ti, escondiditas detrás de la cara luminosa que tratas de mostrar al mundo.

Quítate las máscaras. Quédate desnudo de historias y conceptos… Y siente. Eso que sientes, solo es miedo. Miedo a tu libertad. Miedo a tu felicidad… Pero se te acabará pasando. Confía en ello mientras lo respiras a bocanadas llenas. 

No sigas viviendo de puntillas. 

¡Estás aquí para expresar quién eres!

5/12/16

EL MIEDO A LA VIDA




Podemos relacionarnos con la vida desde la creencia de que la vida puede cometer errores, es decir, desde la suposición de que lo que sucede en este momento, y en cualquier momento, no es lo que debería de ocurrir. En este caso, nuestro programa mental determinará cómo debería de suceder este momento y nos empujará a luchar contra la vida para que se ajuste a nuestro criterio personal.

Pero cabe otra posibilidad. La posibilidad de que la vida jamás se equivoque y que toda tensión emocional, todo dolor y todo sufrimiento, sea solo el efecto de nuestra oposición a la vida, tal como esté sucediendo en este momento, y en cualquier momento. En este caso, la vida nos invita a rendirnos a ella, a aceptar su "presente", a soltar nuestra personal idea de cómo deberían de ser las cosas, basada en el miedo.

No hay más opciones. O la vida se equivoca, o lo equivocado es mi percepción de la vida. Si es lo primero, jamás seré feliz, pues la lucha y la resistencia jamás me conducirán a la paz. Si es lo segundo, la posibilidad de ser feliz sigue vigente, en este momento, y en cualquier momento. Pues mi percepción de la vida solo son ideas que sostengo en mi mente por miedo a vivirla. Soltar esas ideas y entregarme a sentir mi miedo es cruzar el umbral hacia la gratitud. 

La gratitud que surge de reconocer que siempre estoy siendo sostenido, precisamente, por la vida.

1/12/16

SENTIR ES SENTIR. PENSAR ES PENSAR.



Hasta que no descubras, con total claridad, que cuando crees que estás sintiendo lo único que haces es pensar acerca de lo que sientes, no podrás soltar tu miedo a sentir.

Si te preguntase por qué temes sentir, seguro que me dirías algo del estilo de
«porque sentir duele». ¿Es eso cierto? ¿Sentir duele? Reconozco que algunas emociones son muy intensas, tan intensas que parecen emerger como un volcán en erupción, movilizando tanta energía dentro de ti que parece como si un ejército de hormigas radiactivas recorrieran todo tu cuerpo mientras tu corazón bombea sangre a toda máquina. Lo reconozco porque las he sentido... pero ¿duele?

Sentir no duele. Lo que duele es el drama pensado con el que envuelves tus emociones. Duelen tus historias mentales, los cuentos que te cuentas para justificar tu sufrimiento, los culebrones que alimentas para sostener tu victimismo. Duelen las excusas que te inventas para no ser feliz, para no abrirte a amar. Duele la imagen que tienes de ti. Duele... y mucho, creer que hay algo tan indigno en ti que, al menos por ahora, no mereces sentir amor.

Deja de pensar lo que sientes y comienza a sentir lo que piensas. Solo entonces te darás cuenta de que hay pensamientos que duelen... y mucho. Siente para disipar la energía de la que esos pensamientos se nutren. No sujetes tus dramas. Déjalos sueltos mientras sientes.

Llegará un momento en el que todas las historias de sufrimiento caigan en el olvido, como globos sin aire.

Hasta entonces, no te lo pienses más... ¡Siente!

20/11/16

TODO ES TU VOLUNTAD




El perdón no es posible sin la voluntad de soltar mi percepción aprendida para abrirme a una mirada nueva. Hemos de empezar a asumir que si me siento mal es, necesariamente, porque percibo incorrectamente. La verdad no necesita defensa, luego, si experimento tensión, debo estar defendiendo una idea falsa. Solo una interpretación distorsionada me impide ver la verdad en lo que contemplo. Cada vez que me separo de aquello que percibo -por efecto de haber dado crédito a un juicio en mi mente-, y dado que mi naturaleza es la unidad,  la experiencia que resulta de esa separación es sufrimiento, en cualquiera de sus múltiples manifestaciones.

No somos víctimas de nuestras creencias, sino los artífices de las mismas. Todo lo que creemos, lo creemos porque queremos. Nuestras creencias se sostienen por propia voluntad. Todas ellas nos dan identidad de una u otra manera, y esa identidad, aunque sea falsa, nos produce una sensación de seguridad frente al vacío y al miedo que sentimos cada vez que algo parece amenazarla. 

Es inútil tratar de comprobar la veracidad de nuestras creencias contemplando el mundo. El mundo siempre nos va a dar la razón... porque el mundo que contemplamos es el efecto de nuestras creencias. Por ello, el proceso de sanación que el perdón facilita opera en el nivel de las causas –la mente–, y no en el de los efectos –las experiencias y el mundo–. 

Si la voluntad, que es el poder creativo de la mente, es lo que sostiene el mundo que contemplamos, así como cada una de las experiencias que vivimos como efecto de esa voluntad, lo único que tiene sentido hacer cuando el deseo de sanación amanece en la mente, es re-orientar la voluntad en una nueva dirección. Esa dirección no puede ser otra que la de experimentar paz como principal objetivo.

Si queremos sanar, si queremos retornar a la conciencia de unidad que siempre hemos sido, somos y seremos, no tiene sentido tratar de hacerlo luchando para mejorar el mundo, ni tratando de ser buenos según los criterios de bondad vigentes, ni queriendo cambiar a los demás por su bien, que es como denominamos a nuestra comodidad. Todo intento de cambiar o de mejorar algo es fruto de un programa mental. El programa-ego primero juzga algo como erróneo o mejorable y luego te lleva de viaje en la persecución de eso que has de lograr para que todo esté bien, para que, por fin, experimentes la paz que ansías
.

El amor no hace eso. El amor ya ama el mundo tal como es, no ve error alguno en él. El amor te ama incondicionalmente en este mismo instante sin necesidad de que hagas nada, pienses nada o sientas nada. Eres tú quien no se ama, y luego tratas de buscar en el mundo la causa de esa falta de amor. 

Cada vez que te descubras posicionándote a favor o en contra de algo, observa cómo te sientes. Toda creencia es sostenida por dos polaridades. De hecho, toda creencia es dual. No existe bien sin mal, bonito sin feo, alto sin bajo. Cuanto más luches y defiendas la justicia, más injusticias detectarás. Cuanto más trates de castigar la maldad, más maldad tendrás para castigar. Todo aquello en lo que inviertes tu atención mental –tu voluntad–, se convierte en tu experiencia... en tu realidad.

La verdad no es dual. El amor no es dual. El perdón viene a sanar la dualidad, a deshacer la separación en tu mente... el único lugar donde la separación parece existir. El amor ama lo bueno-malo, lo justo-injusto, lo blanco-negro, el día-noche, y todos los binomios que tu mente ha creado para jugar a la separación. En la verdad todo es uno. Querer mirar desde ahí o seguir mirando desde la identificación con solo una de las partes en las que has separado la realidad, es la única elección real que tienes. Cualquier otra elección es no elegir nada. Es elegir entre ilusiones, y no hay ilusiones mejores o peores. Todas son falsas por igual. No importa si eliges ser bueno o malo... seguirás sin saber quién eres y estarás sosteniendo la existencia de lo bueno-malo sin saberlo. Saltarás de un papel a otro de la obra, pero no dejarás el escenario en el que se representa.

Expresa internamente el deseo de sanar tu percepción y hazte a un lado. No eres tú (el personaje) el que conoce la verdad. Es la verdad la que vendrá a mostrarte quién eres Tú, y por ende, quién es tu hermano. Solo es necesario que aceptes la sanación, que te abras a recibir la respuesta, sea la que sea, adopte la forma que adopte. Si tu primera voluntad es paz, paz es lo que obtendrás como experiencia.

3/10/16

NO-DUALIDAD: Unidad sin opuestos



Este texto surge como respuesta a un comentario leído en las redes sociales donde se afirma que la no-dualidad es una parte de la dualidad y que para trascender el paradigma de la no-dualidad hay que empoderar nuestro ego para conectar la conciencia humana con el resto de la conciencia.

Bueno… esta es mi reflexión al respecto:

La Unidad lo engloba todo sin excepción. Nada queda fuera. No hay un afuera.

La no-dualidad apunta a esa Unidad sin opuestos.

El ego es la creencia en la separación. Y una creencia es solo eso... una creencia. La verdad sigue intacta en la Unidad donde toda creencia es acogida sin que por ello sea real. El ego no es real. Tal como tus sueños nocturnos no lo son por mucho miedo o placer que hayas experimentado en ellos.

Que la conciencia está identificada con esa creencia de separación y que experimenta la "realidad" de ser un cuerpo es algo que no puede ser negado, de hecho es absurdo negar que esa es tu experiencia

A lo que apunta la no-dualidad es al hecho de que más allá del sueño temporal de ser un cuerpo, por muy real que te resulte, la verdad sigue siendo verdad. Cuando la conciencia acabe de leer la novela, tu historia, que tan  real parecía, regresará a la estantería de lo ilusorio... como todos los sueños.

El empoderamiento del ego es un intento de perpetuar este viaje experiencial de separación tratando de llenar el vacío que nos mantiene en constante búsqueda. Un vacío que no se llena ni con dinero, ni con relaciones, ni con conocimientos, ni con experiencias...

...Un vacío de ti, de quien realmente eres. Es a ti a quien estás buscando en esta carrera de obstáculos que llamas "tu vida".

El ego no puede conectarse a nada porque es la creencia en la desconexión, en la separación, en el yo individual separado del mundo. Lo más que puede ofrecerte como "conexión" es la unión de dos cuerpos que, por profunda que pretenda ser, no llena el vacío existencial que te lleva a buscar más cuerpos, más dinero, más experiencias, más conocimientos, más... más... más... 

Y sí, aquí estamos. A veces recordándonos (re-cordis: volviendo al corazón, volviendo al centro) a veces olvidándonos (descentrándonos). Bailando este baile inocente de unirse y separarse hasta que ya no deseemos ser separados. Hasta que reconozcamos que nada se ha roto en esta fantasía de "especialismos"

Y entonces, sin culpa ni miedo, envueltos en la inocencia, quizás elijamos ser el baile en lugar de ser solamente uno de los bailarines,  aislado y vacío.

Mientras tanto el Amor, la Unidad, nos sigue acogiendo y amando, mientras disfrutamos y mientras sufrimos... en nuestro sueño sin consecuencias.